Voy a empezar reconociendo algo que no creo que juegue a mi favor en este análisis, y en parte de la comunidad de TURNO: no me gustan los gatos. No entiendo demasiado bien esa fascinación que despiertan en tanta gente. Qué queréis que os diga, donde estén los perros, o casi cualquier otro animal… Así que, cuando Piru nos habló de Los Mosquegatitos en el stand de Draco Ideas, lo cierto es que sus protagonistas no fueron lo que más me llamó la atención.
Aún así, hay paradas que ya forman parte de cualquier visita a un evento. Una de ellas su stand. Siempre que tenemos ocasión nos gusta pasarnos por allí, saludar, charlar un rato y descubrir qué tienen entre manos. Además, ya veníamos con buenas sensaciones de nuestro anterior encuentro con Piru, que nos había recomendado Héroes – Escribe y Conquista, un juego que nos encantó y del que hablamos aquí. Así que, cuando nos habló de esta nueva aventura, estaba claro que teníamos que sentarnos a probarla.
Los Mosquegatitos nos pone en la piel de León, Adara, Nera y Guy, cuatro pequeños aspirantes a héroe que recorren las calles, monasterios y fortalezas del Mont Saint-Michel. Su misión es aprender las virtudes de un buen guerrero, mejorar sus habilidades y prepararse para una amenaza que acabará poniendo a prueba todo lo aprendido. La idea es sencilla: aprender todo lo necesario para convertirse en héroes y estar preparados cuando llegue el momento de demostrarlo.
Aunque comparte universo con Los Mosquegatos, conviene dejar claro desde el principio que estamos ante un juego completamente independiente. Su propuesta es más familiar, las partidas son más rápidas y su planteamiento está pensado para acercar la aventura a otro tipo de público. Aunque comparte universo con su hermano mayor, tiene personalidad propia y busca ofrecer una experiencia diferente, más sencilla y accesible. Y para hacerlo, recurre a una estructura dividida en tres capítulos: entrenamiento, búsqueda y batalla final. Durante el primer capítulo recorreremos Mont Saint-Michel para aprender las virtudes guerreras. Después seguiremos preparándonos mientras buscamos al enemigo y, cuando llegue el último capítulo, tendremos que poner en práctica todo lo aprendido frente al ejército de alimañas.
El juego gira alrededor de las cartas de localización, que representan los diferentes lugares que podemos explorar. Cada turno disponemos de dos acciones, que podemos combinar entre viajar, ir de aventuras, entrenar o practicar. Estas cuatro acciones nos dan bastante libertad para decidir cómo queremos avanzar y en qué aspectos nos interesa centrarnos durante la partida.
Explorar nos lleva a descubrir nuevas localizaciones, entrenar nos permite conseguir las virtudes guerreras que necesitaremos más adelante. Para ello tendremos que encontrarnos en una localización adecuada, lanzar un dado de doce caras y sumar las bonificaciones que podamos obtener de nuestras cartas. Si alcanzamos el valor necesario, conseguiremos superar la prueba y avanzar en nuestro aprendizaje.
La mecánica se entiende al momento, aunque tiene un pequeño componente de gestión que le da algo más de interés. No siempre tendremos las cartas que necesitamos para superar una prueba, así que toca pensar un poco antes de gastarlas. A veces nos interesará utilizarlas para conseguir una virtud cuanto antes, mientras que en otras ocasiones será mejor guardarlas para una prueba más complicada. También importa qué localizaciones conseguimos, porque algunas serán más valiosas que otras cuando llegue el momento de combatir.

Hay una cosa que me gusta de Los Mosquegatitos y que le da bastante personalidad: aunque estamos ante un juego cooperativo, en la primera etapa si habrá enfrentamientos.
Durante el entrenamiento podemos enfrentarnos a otros jugadores para mejorar nuestras habilidades. Para hacerlo, primero tendremos que coincidir en una localización y retar al otro a una práctica. El enfrentamiento comienza con un duelo de miradas, en el que ambos jugadores muestran el pulgar hacia arriba o hacia abajo. A partir de ahí entran en juego las cartas, las habilidades de los personajes, y los dados.
Puede parecer una tontería, pero me gusta bastante que el juego introduzca este tipo de enfrentamientos. No estamos compitiendo por eliminar al resto ni por conseguir una victoria individual, sino utilizando ese pique para hacernos más fuertes.
Y aquí está una de las cosas más interesantes del juego, durante el entrenamiento podemos picarnos entre nosotros y tratar de mejorar nuestras habilidades, pero cuando llega la batalla final ya no hay rivalidad: o trabajamos juntos, o hasta aquí.
Las cartas gatunas son otro de los elementos importantes. Cada jugador dispone de su propia mano y puede utilizarlas para obtener bonificaciones en las pruebas, mejorar sus posibilidades durante los enfrentamientos o ayudar a otros compañeros.
A esto se suman las cartas de evento, que introducen situaciones inesperadas durante la exploración y añaden algo de variedad al desarrollo de la partida. Los dados tienen bastante protagonismo, pero no dependemos únicamente de lo que salga en la tirada. Las cartas y las habilidades de cada personaje nos dan cierto margen para mejorar nuestras posibilidades.

Los dos primeros capítulos nos preparan para el momento que da sentido a toda la aventura: la batalla final contra el Ejército de Alimañas. Aquí toca comprobar si todo el tiempo que hemos dedicado a entrenar ha servido para algo. Las virtudes que hayamos conseguido y las localizaciones que hayamos descubierto serán fundamentales para afrontar el combate.
En cuanto al ritmo, Los Mosquegatitos funciona bastante bien. Es cierto que algunas pruebas pueden hacerse algo repetitivas, especialmente si queremos entrenar mucho antes de enfrentarnos al ejército de alimañas. Aun así, como las partidas no se alargan demasiado, tampoco llega a convertirse en algo especialmente molesto.
En cuanto al ritmo, Los Mosquegatitos funciona bastante bien. Es cierto que algunas pruebas pueden hacerse algo repetitivas, especialmente si queremos entrenar mucho antes de enfrentarnos al ejército de alimañas. Aun así, como las partidas no se alargan demasiado, tampoco llega a convertirse en algo especialmente molesto.
Mención aparte merece el apartado artístico, que es de lo que más me ha gustado. El estilo cartoon, opuesto al de Los Mosquegatos, le sienta muy bien, con personajes muy expresivos, mucho color y ese aire de aventura que encaja perfectamente con la propuesta. Las ilustraciones tienen bastante personalidad y consiguen que los cuatro protagonistas resulten reconocibles desde el primer momento.
Los Mosquegatitos me ha parecido un juego bastante entretenido, sobre todo si buscamos una aventura familiar en la que haya espacio tanto para colaborar como para picarnos un poco entre nosotros. Es fácil de aprender, tiene una progresión que se sigue sin problemas y ese punto de entrenamiento previo a la batalla final que le da sentido a toda la partida. Es verdad que algunas pruebas pueden hacerse algo repetitivas, pero no creo que llegue a ser un problema importante. En conjunto, me parece una propuesta muy recomendable para jugar en familia.
A mi, siguen sin gustarme los gatos. Pero reconozco que estos cuatro me han hecho pasarlo bien en las partidas jugadas.

No Comments