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Robándole tiempo al tiempo,

con Asociación Valinor

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«Es un proyecto vivo, que nunca está del todo terminado, pero que mantiene su esencia: compartir aficiones y crear comunidad.»

En 2006, la Asociación Valinor era un grupo de seis amigos con aficiones en común. Buscaban un lugar donde reunirse los fines de semana y jugar, nada más. El primer local estuvo en la calle Cuchillería, en pleno casco viejo de Vitoria. Allí fueron pasando los años y también las personas, hasta que aquello que había empezado entre amigos empezó a convertirse en algo más grande. Hoy la Asociación Valinor está detrás de un festival que reúne a miles de personas y que lleva más de una década formando parte del calendario cultural de Vitoria.

Hablamos con la organización sobre cómo empezó todo, qué ocurre detrás de las puertas de un festival y qué pasa cuando un proyecto que nació para compartir unas aficiones empieza a formar parte de una ciudad.

Un lugar en el que juntarse

Toda asociación empieza en algún sitio. A veces con una idea muy definida y otras simplemente con la necesidad de encontrar un lugar donde estar. 

"Valinor nació en 2006 de un grupo de seis amigos con aficiones en común y ganas de compartirlas. En aquel momento, lo único que buscábamos era un espacio donde reunirnos los fines de semana para jugar partidas de rol, juegos de mesa o Warhammer. Ese primer local estuvo en la calle Cuchillería, en pleno casco viejo de Vitoria, y durante años fue el corazón de la asociación. Ya a finales de ese primer año, el grupo había crecido hasta más de veinte personas. Ahí empezó a tomar forma algo más que un grupo de amigos.

Con el tiempo, el proyecto fue evolucionando, pasando por distintas etapas, hasta consolidarse como una asociación más estructurada. Pero siempre con la misma idea de fondo: ir construyendo poco a poco el lienzo sobre el que cada persona que llega deja su pincelada. Es un proyecto vivo, que nunca está del todo terminado, pero que mantiene su esencia: compartir aficiones y crear comunidad."

Veinte años después, resulta curioso pensar que todo empezara simplemente buscando un sitio donde reunirse. No había todavía una estructura ni un festival que organizar. Había seis personas buscando un sitio donde compartir aquello que les gustaba. 

Después fueron llegando más personas, más etapas y, casi sin darse cuenta, más cosas que hacer. El lienzo empezó a llenarse de pinceladas distintas, pero la razón para reunirse seguía siendo bastante parecida.

De un encuentro a un festival

Freak Festival llegaría varios años después, en 2014. Para entonces la Asociación Valinor ya tenía una historia detrás, pero el festival planteaba otra cuestión: cómo conseguir que en un mismo espacio pudieran encontrarse aficiones que, a primera vista, no siempre tienen demasiado que ver entre sí. 

"El Freak Festival comenzó en 2014 con una idea muy clara: crear un espacio donde todo el mundo tuviera cabida. Aquella primera edición, celebrada en el Artium, reunió a unas 250 personas. Era un evento más pequeño y cercano, pero con una filosofía muy definida desde el principio. No importaba la afición (literatura, cómic, rol, fantasía, ciencia ficción, cultura asiática o baile), lo importante era generar un punto de encuentro donde compartir, sentirse cómodo y demostrar que, juntos, el resultado puede ser mucho más que la suma de las partes. Desde el inicio hubo dos pilares fundamentales: el carácter abierto y colaborativo, y la accesibilidad. La gratuidad no era solo una cuestión práctica, sino una declaración de intenciones.

Con el paso de los años, el festival ha ido creciendo de forma natural. Más que perseguir un modelo cerrado, lo hemos ido construyendo junto a la comunidad, adaptándonos a lo que teníamos y a lo que el público iba pidiendo. Siempre con una idea clara: crecer, sí, pero hacerlo bien. Poco a poco, sin morder más de lo que podemos masticar. Hoy podemos decir que ha superado muchas de las expectativas iniciales, pero no lo entendemos como una meta cerrada. Es un proyecto en evolución constante."

Personas jugando a juegos de mesa en la sede de la Asociación Valinor

Crecer también significa decidir qué cosas no quieres perder por el camino. Un festival puede sumar actividades, colaboradores y visitantes, pero también va cambiando con cada decisión. En el Freak Festival, esa idea sigue presente incluso ahora que el evento ha crecido tanto.

Miniaturas de Star Wars Legion durante una partida entre la República y los Separatistas

Robándole tiempo al tiempo

Organizar un festival durante unos días implica trabajar durante muchos meses. Buena parte de ese trabajo sucede lejos del público y, si todo funciona como debería, probablemente pase completamente desapercibido. 

Queríamos saber qué parte del proceso ocupa más tiempo cuando nadie está mirando. 

"La parte más exigente, y a la vez más invisible, es la coordinación durante los meses de preparación. El equipo organizador está formado por nueve voluntarios, y el festival cuenta con unas veintiséis personas de staff. Todo el trabajo se hace compaginándolo con nuestras vidas personales, robándole tiempo al tiempo. Empezamos a trabajar entre siete y ocho meses antes del evento, aunque en realidad hay cosas que empiezan prácticamente al cerrar la edición anterior. Gran parte del trabajo no se ve: cuadrar horarios, reorganizar equipos cuando hay cambios de última hora o rehacer partes de la programación. Es como montar un puzle en el que las piezas cambian constantemente de forma.

A veces surgen situaciones muy concretas. En un taller de pintura, por ejemplo, se apuntó más gente de la prevista y decidimos no dejar a nadie fuera. Eso nos obligó a imprimir e imprimar miniaturas a contrarreloj para que estuvieran listas para el pase del día siguiente. Ese tipo de cosas pasan continuamente. Y forman parte de ese trabajo invisible que permite que, de puertas hacia fuera, todo parezca funcionar con normalidad."

Buena parte de ese trabajo solo se hace visible cuando algo falla. El público llega y encuentra el taller preparado, la actividad empieza y las miniaturas ya están sobre la mesa. Detrás de esa normalidad hay decisiones que han tenido que tomarse, algunas veces prácticamente a contrarreloj.

«Todo el trabajo se hace compaginándolo con nuestras vidas personales, robándole tiempo al tiempo.»

Cuando se abren las puertas

Después de meses preparando el festival, llega un momento en el que ya no hay mucho más que preparar. O, al menos, ya no hay tiempo para hacerlo. Las puertas están a punto de abrirse y empiezan a llegar los últimos colaboradores. 

"Es un momento muy especial, pero también muy intenso. Hay veces que todo se resuelve literalmente en el último minuto. Colaboradores que llegan con el tiempo justo, detalles que terminan de montarse cuando ya estamos a punto de abrir... es un poco como salir de las vías justo antes de que pase el tren. Antes de abrir hay una especie de calma rara, esa calma antes de la tormenta. Y en cuanto empieza a entrar la gente, todo cambia. Siempre bromeamos con si toda esa gente no tiene nada mejor que hacer, pero en realidad nos emociona muchísimo.

Recuerdo especialmente la edición de 2024, cuando por el walkie alguien dijo: ‘acabamos de dar la entrada 1171, ya hemos superado 2022’. Y esa misma tarde: ‘entrada 1451, nuevo máximo histórico’. En 2025 volvió a pasar al cruzar los 2.000 asistentes. Durante el festival entramos en lo que solemos llamar “visión de túnel”: apagar fuegos antes de que se huela el humo, resolver problemas y hacer que todo funcione. Las emociones se quedan un poco encerradas en ese cuartucho de debajo de la escalera. Hasta que llega la clausura. Ahí ya no se pueden contener. Ver a la gente disfrutar, reír y compartir algo que has construido... es una sensación muy difícil de explicar."

Partida de Warhammer 40k con Custodes, Ultramarines, Mil Hijos y Guerreros del Caos

Durante el festival, quienes lo han construido apenas tienen tiempo para detenerse a mirarlo. Están pendientes de una actividad, de un cambio, de un problema que resolver antes de que se convierta en algo mayor. El festival ocurre delante de ellos mientras intentan que todo siga en pie.

Miniaturas de Blood Bowl durante una partida de pretemporada

Cuando alguien viene desde lejos

Desde dentro es difícil saber hasta dónde llega un festival. Que alguien viaje durante horas para estar allí es una de esas cosas que probablemente solo entiendes cuando te lo cuentan. 

Se lo preguntamos desde esa perspectiva: qué sienten cuando alguien les cuenta que ha hecho el viaje hasta Vitoria expresamente para estar allí.

"Siempre nos sorprende. Muchas veces incluso dudamos de si han venido expresamente por el festival o si ha sido casualidad. Nos cuesta creer el alcance real que puede tener. Pero los números no mienten. Aproximadamente uno de cada cinco asistentes viene de fuera de la provincia, y sabemos que ha venido gente desde lugares como Tenerife. Lo que más nos impacta es pensar que hay personas que organizan su agenda para venir, que incluso piden días en el trabajo.

Desde dentro a veces es difícil entender cómo se vive el festival desde fuera, pero estos detalles son los que te hacen darte cuenta de que algo estamos haciendo bien. Y, sobre todo, son el empujón para seguir apretando un poco más cada año."

Que alguien llegue a pedir días en el trabajo para estar allí dice bastante más sobre el alcance del festival que una cifra en una memoria. Hay una decisión detrás, un desplazamiento y un tiempo reservado para estar allí. 

Algo que empieza a pertenecer a una ciudad

Después de tantos años, el tamaño del festival ya no es lo único que importa. También importa el lugar que ha ido ocupando dentro de Vitoria.

"Una de las cosas que más ilusión nos hace es el arraigo que el festival está consiguiendo en la ciudad. Para nosotros, un ‘evento de ciudad’ es aquel que la gente conoce incluso aunque no haya ido, como ocurre con otros grandes eventos culturales. Sentimos que estamos empezando a acercarnos a ese punto. En la última edición superamos los 2.300 asistentes, con más de 80 actividades programadas, lo que refleja un crecimiento sostenido en los últimos años. También nos ilusiona ver que el proyecto es capaz de mantenerse en el tiempo, que entra gente nueva con ideas frescas y que el espíritu no se pierde. Ese carácter transgeneracional es clave para nosotros.

De cara al futuro, queremos seguir creciendo, pero sin perder nuestra identidad. Consolidar fechas, generar más sinergias y seguir fortaleciendo el proyecto. También queremos introducir cada vez más contenido especial: novedades, prototipos, creación local o autores emergentes. Cosas que tengan ese punto de ‘esto solo lo puedes vivir aquí’. Y hay ideas más ambiciosas sobre la mesa... que aún estamos midiendo hasta qué punto estamos lo bastante locos para asumir."

La Asociación Valinor empezó con seis personas buscando un lugar donde reunirse. Veinte años después, Freak Festival reúne a más de 2.300 asistentes y todavía queda sitio para cosas que no existían cuando todo empezó.

El lienzo sigue sin terminar. Todavía queda espacio para otra pincelada.

Logotipo de la Asociación Valinor
Asociación Valinor

Asociación de juegos de rol y juegos de mesa.
Organizadores del Freak Festival

@whoisrooster, fundando desde los márgenes
Borja de Frutos @whoisrooster

Director creativo y editor
Entrevista, diseño y maquetación.

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