Cuatro cajas, solo dos de ellas tienen el mismo aspecto que tendrán cuando las veamos en las tiendas. Las otras dos son algo más libres aún, cartas con el arte a medio terminar y anotaciones a bolígrafo en los márgenes de las reglas. Alguien se ríe al explicar por qué el objetivo de una partida es perderla. Alguien más pregunta, no por primera vez, si tienen algún juego que vaya de croquetas. La respuesta, esta vez, es que sí.
Todo empezó con un mensaje. Nos escribieron desde CroquetaGames sin más pretensión que la de compartir mesa. Les gustaba lo que hacíamos en Turno y querían conocernos en persona, enseñarnos de primera mano lo que venían cocinando. No fue un envío a prensa genérico con una nota adjunta, sino una invitación a sentarnos y conocer cómo trabaja y piensa una editorial pequeña. Aceptamos casi sin pensarlo, y así fue como ese domingo 5 de julio terminamos en Torrejugones, una tienda de Torrejón de Ardoz, con cuatro juegos y una editorial entera desplegada sobre la mesa.
CroquetaGames es una editorial madrileña de autoría española, fundada en 2025 por Bea y Jose, que ya tienen dos juegos publicados: Holawakas de Oromo, de Raúl García y Gamusinos, de Jesús Mulero. Además de otros dos en fase de prototipo que llegarán próximamente a Gamefound: Maglia Nera, de Pedro Felipe y David Giménez, y Croquetalipsis, también de Jesús Mulero. De los cuatro hablamos hoy, pero antes merece la pena contar cómo fue
Llegamos pronto a Torrejón, donde nos encontramos con Bea y Jose, los protagonistas de esta historia. En Torrejugones nos recibieron con una sonrisa y la mesa dispuesta para prepararnos. Torrejugones no es una tienda enorme, pero tiene ese punto acogedor de los sitios donde el dueño conoce a la clientela por su nombre, y ese domingo se llenó de risas entre partida y partida. Lo que iba a ser una mañana de partidas rápidas se convirtió en una conversación larga sobre cómo nace una editorial pequeña en este hobby.
Lo primero que se nota al hablar con ellos es que no vienen de la industria, sino que vienen de jugar y están empezando a entrar en la industria con mucha fuerza y muchas ganas. Cuentan cómo empezó todo con la misma naturalidad con la que explicarían las reglas de una partida, sin ningún discurso corporativo ni necesidad de venderse. Se les nota el cariño en cómo hablan de cada autor con el que trabajan, en cómo defienden que un juego pequeño puede llevar tanto trabajo como uno grande.
Lo que más nos caló de la charla fue su forma de entender el juego y los prototipos. Para CroquetaGames, o mejor dicho, para Jose y Bea un juego a medio hacer no es un problema que esconder, sino el estado natural de las cosas: se prueba, se rompe y se vuelve a montar. Nos hablaron de mesas de testeo, de todo el trabajo que requiere crear una editorial independiente, de escuchar a quien juega incluso cuando lo que dice no es cómodo y de estar dispuestos a tirar una mecánica entera si no funciona en mesa, por mucho cariño que le hayan puesto. Aunque por el momento nos cuentan que todos los flechazos que han tenido con juegos han ido muy bien y no han visto necesario modificar demasiado la idea original de quien la tuvo.
Hablamos de cómo empezaron siendo un canal que visitaban muy a menudo las secciones de prototipos, veían tanto potencial en autores y demás, que decidieron lanzarse al vacío e intentarlo por sí mismos. Nos cuentan que las editoriales más grandes tienden a correr menos riesgos con juegos originales, como Maglia Nera del que hablaremos más adelante. En muchas ocasiones maquillan una mecánica mediante ambientaciones y terminamos jugando a lo mismo, por lo que pierden toda la esencia que tenían originalmente.
Nos revelaron su clave para el éxito: no tener ningún plan. Ya en serio, lo importante para ellos es sacar juegos que les gusten, también por esto las publicaciones que nos mostraron y que de momento vertebran el catálogo de CroquetaGames, tienen todos un perfil concreto: familiares, mayormente competitivos y generalmente ligeros, aunque eso último cambia bastante con Maglia Nera.
Por último está el nombre, del cual nos confesaron entre risas, que desde que existen les preguntan constantemente si tienen algún juego sobre croquetas. Durante mucho tiempo la respuesta fue no, pero ese día jugando a Croquetalipsis, entendimos por qué ya no hace falta que sigan explicándolo.
Lo que nos quedó claro compartiendo este rato con ellos fue sobre todo que se entienden muy bien, que se siguen en las locuras y que cuando un proyecto nace del corazón y se vive con mucho esfuerzo, es difícil que no salga bien, aunque cueste.
De Gamusinos no vamos a extendernos mucho, el filler de draft y roles ocultos de Jesús Mulero tiene su propio análisis en camino en Turno, y preferimos guardarnos los detalles para entonces. Quédate con que fue el segundo lanzamiento de la editorial y que ya está disponible.
Con Holawakas de Oromo, en cambio, sí que os comentamos que fue el primer juego de CroquetaGames, un filler rápido en el que cada jugadora se convierte en guerrera de la tribu Oromo intentando rescatar Holawakas antes que las demás, protegiendo los espíritus de su clan y eliminando los de las demás. Lo que lo hace distinto no es la premisa, sino cómo resuelve el enfrentamiento.
En este juego no hay diplomacia posible, es un cuerpo a cuerpo directo de todas contra todas, sin escudos detrás de los que esconderse. Lo interesante es que ese choque frontal viene envuelto en una ambientación que bebe de una cultura muy distinta a la que estamos acostumbradas a ver en las cajas que llegan a nuestras estanterías, en este caso la de Etiopía. Es un juego de gestión de mazos y tal como lo definió Bea “de hacer enemigos” pues deberás destruir los clanes enemigos. Cada clan tendrá unos espíritus que podrán destruir, robar o defender a los Holawakas mientras acumulas puntos para derrocar al resto.
Todo esto en un filler de veinte minutos ya nos dice que en CroquetaGames no buscan lo fácil y comercial sino que apuestan por aquellos juegos que les remueven algo por dentro, aunque sean las ganas de pelearte con tus amigos y alzarte con la victoria.
Si tuviéramos que quedarnos con la idea más original de ese día, sería esta. Maglia Nera, de Pedro Felipe y David Giménez, es un juego de bazas ambientado en el ciclismo de la Italia de posguerra en el que el objetivo no es ganar la carrera: es perderla con estilo.
La idea bebe de una anécdota real. Hubo una época en la posguerra, en la que quedar último en el Giro de Italia le salía más a cuenta a Luigi Malabrocca que ganarlo: el ciclista se hizo célebre por acabar siempre en la cola de la clasificación, y la gente, enternecida al verlo llegar tan rezagado, le regalaba comida y alguna que otra propina por el camino. Malabrocca acabó prefiriendo «perder» con la tripa llena antes que ganar el Giro con las manos vacías.
Maglia Nera traslada ese espíritu a la mesa con un sistema de bazas a ciegas, cartas y fichas que retuercen las puntuaciones, y una buena dosis de estrategia para poner la zancadilla a tus rivales. Todo apunta hacia ese mismo lugar insólito en los juegos competitivos: la penúltima posición del pelotón, que es donde de verdad se gana esta carrera.
Dicho esto, de los cuatro juegos que probamos, este es el que más trabajo tiene por delante. Las reglas nos resultaron las más complejas de la tarde, y aunque el juego admite de 3 a 8 jugadoras, a 3 la dificultad sube de forma notable (algo que no tiene por qué ser malo, pero intuimos que es bastante más exigente que jugarlo con un grupo más numeroso).
No pudimos probar las cartas de evento, que irán tematizadas con cosas como pinchazos en las ruedas, desvíos de camino o demás eventualidades que puedan ocurrir. Sin embargo, nos ha parecido una propuesta muy fresca, arriesgada y que se nota que hay cariño puesto en cada decisión de diseño, pero también que todavía necesita más mesas de testeo antes de encontrar su forma final. Nos vamos con muchas ganas de ver en qué se convierte y deseando que la campaña de Gamefound salga adelante y podamos verlo completo en mesa.
Y luego, el que se llevó el aplauso más rápido de la tarde. En Croquetalipsis, de Jesús Mulero, unas abuelas se enfrentan al fin del mundo armadas con lo único que de verdad importa: croquetas para sus nietos. De los cuatro juegos, este fue el que nos pareció más accesible, más fácil de explicar en dos frases y de sentar a cualquiera a jugarlo sin apenas curva de aprendizaje. Las ilustraciones, además, son una fiesta de color, vistosas y con un punto de humor absurdo que encaja perfectamente con la premisa.
Es, sin exagerar, el juego que mejor representa el espíritu de la editorial que lo publica. Si CroquetaGames necesitaba una carta de presentación con su propio nombre escrito en el título, la ha encontrado.
Maglia Nera y Croquetalipsis todavía tienen camino por delante antes de llegar a Gamefound, y será interesante ver cómo se pulen tras más rondas de testeo. Mientras tanto, Gamusinos y Holawakas de Oromo ya están disponibles para quien quiera sentarse a probarlos.
Salimos de Torrejugones con la sensación de haber visto algo que no suele enseñarse: una editorial pequeña con las manos todavía manchadas de trabajo, decidiendo en tiempo real qué se queda y qué se descarta. Y si algo nos dejó claro esa tarde es que a CroquetaGames no le da miedo perder una partida de vez en cuando, siempre que sirva para ganar la siguiente.

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