y recibe en tu correo entrevistas, análisis y reflexiones sobre rol y juegos de mesa.
Hay un momento en el que algo que empezaste a hacer casi sin darte cuenta, para despejarte, superarte, o simplemente porque te encantaba, empieza a pedirte más de lo que pensabas darle. Tu hobby deja de ser ese rato suelto del día, y empiezas a tenerlo en la cabeza todo el tiempo: hasta dónde llego, qué estoy dispuesto a sacrificar, cuándo paro. No es de un día para otro. Y sí, cuando miras atrás ya es tarde, ya estás metido hasta el fondo.
Esta conversación sale de ahí, de como empezaste a pintar para no pensar y disfrutar… y que acabe saliéndote todo al revés. De perder el equilibrio, buscarlo otra vez, y entender que cuidar lo que amas también implica aprender a ponerle límites. No habla de éxito ni de talento. Habla de seguir, de volver, y de hacerlo con el corazón y las entrañas por delante.
No siempre hay un momento en el tomas una decisión y ya está. A veces lo único que pasa es que se acaba algo, el mundo afloja un poco y, de repente, te sobra tiempo. Tiempo y pintura. Y alguien cerca que te empuja lo justo para que te asomes al borde. No para saltar, sino para asomarte, mirar hacia abajo y preguntarte si tiene sentido seguir donde estás (trabajo, ciudad, carrera) haciendo lo mismo de siempre, por inercia… o saltar.
"La verdad es que en ningún momento se me pasó por la cabeza dar el salto a dedicarme a esto de manera profesional.
Básicamente, se juntaron varios elementos.
Acabé el período de dos años en la fábrica en la que trabajaba y tenía que estar una temporada fuera. Así que, en ese momento, decidí tomarme unos meses de descanso, aprovechar y pintar mi ejército de Drukhari para un torneo.
Meses más tarde se lo comenté a Samu (@samu_miniatures) y me dijo que tenía contacto con White Weasel y que hablaría con ellos. Hice una prueba y estuve trabajando una temporada para ellos.
La verdad es que dar el salto en su día me dio bastante vértigo, pero fue Kike (@Kike_beroller) quien me animó diciendo un
“Si no es ahora, ¿Cuándo va a ser?”.
Y desde entonces llevo dos años y medio dedicándome a esto de manera profesional.
Enseñar no va solo de técnica.
También tiene que ver con exponerte un poco. De aceptar que lo que haces puede servirle a otro… o puede que no. De saber cuándo decir algo y cuándo callarte y dejar espacio.
Y en medio de todo eso aparece una pregunta: si además de pintar, estás preparado para acompañar a otros en su proceso, con sus dudas, sus errores y sus ideas a medio hacer.
Daniel lo dice claro, desde el borde:
"Nunca he pensado que tenga algo que merezca ser enseñado a otros. Simplemente, me gusta compartir mi opinión de manera crítica y constructiva, igual que me gustaba recibirla a mí.
Con el tiempo me di cuenta de que no todo el mundo se toma bien las críticas, y más dentro de un proceso creativo. Pero también hay personas a las que les ocurre justo lo contrario. Por eso decidí dar mi opinión solo a quienes mostraban interés real por mis explicaciones. Y, en general, esa gente es muy agradecida.
También influyó el tiempo en el que estuve pintando en directo en Twitch, donde vi que había mucha gente interesada en cómo hacía las cosas y me decían que les gustaba cómo lo explicaba. A eso se sumó el tener que pintar encargos muy distintos, lo que me hizo darme cuenta de que mi forma de pintar era versátil y podía ayudar de distintas maneras.
La realidad es que a veces me gusta enseñar y otras no. No me gusta sentarme a dar una chapa de teoría del color o de interpretación, aunque sea necesaria para tener una base. Tampoco me gusta hacer demostraciones cerradas enseñando “cómo lo hago yo”, porque cada persona tiene su forma de trabajar y de entender la pintura.
Lo que realmente me gusta es sentarme con mis alumnos, que me cuenten la idea que tienen y cómo piensan desarrollarla. Muchas veces son idas de cabeza bastante locas, y toca negociar para que no se líen demasiado. Ver cómo el proyecto evoluciona y cómo van dominando técnicas y mezclas es algo que me flipa.
Todo desde un punto de vista crítico y constructivo, porque como siempre les digo: se aprende más de un error que de miles de aciertos.
También me gusta analizar cómo trabajan, sus gustos por el color y su tipo de trazo. Intento potenciar eso para que encuentren su propio estilo y no acaben siendo una copia del mío.
Ver cómo con el tiempo mejoran, cómo se quitan el miedo y disfrutan pintando es algo que me enorgullece y hace que siga queriendo guiar a la gente en la búsqueda de su estilo."
Cuando el hobby empieza a pagar facturas, algo debe descolocarse por dentro.
Lo que antes era refugio se llena de horarios, el espacio se mezcla y el tiempo deja de sentirse tuyo.
Ya no pintas cuando quieres, pintas cuando toca.
Y ahí aparece una tensión difícil de explicar: seguir haciendo lo que te gusta sin perderte a ti por el camino.
Es muy claro con esto:
"Ha sido un camino bastante turbulento y lleno de cambios, muchos para bien y otros para mal, en los que he tenido que ir ajustando cosas.
En mis comienzos empecé pintando ejércitos a mansalva en un pequeño local que tenía alquilado, pero tuve que abandonarlo y llevarme el trabajo a casa. Al principio pareció una buena idea, pero con el tiempo no lo fue. Estar en casa hizo que perdiera la noción del tiempo y pasó a ser una obsesión, hasta llegar al punto de trabajar entre 12 y 14 horas diarias.
Por suerte, pude abrir los ojos y empezar a limitar el tiempo de trabajo, pero desde entonces ya no volvió a ser lo mismo. El hobby se rompió, perdí la motivación y con ello empezaron a llegar los ataques de ansiedad. Llegó un punto en el que no quería saber nada de la pintura más allá del trabajo, aunque seguía unido al hobby porque me gusta bastante jugar a 40k.
Ahí llegó el primer cambio importante: detectar qué me generaba esa ansiedad y trabajar en ello. En mi caso, era el trabajo en cadena y los plazos. Así que es algo que he eliminado de mi forma de trabajar. Sigo haciendo ejércitos, pero con más calma, trabajando unidades mes a mes y no un army entero en un mes.
Sobre todo, tener una fecha de entrega era lo que más me presionaba para llegar al mínimo que yo mismo me exigía. Tuve que aprender también a bajar el nivel cuando fuera necesario y aceptar que, si las cosas no llegaban a tiempo, no pasaba nada.
Aun así, el hobby pasó a un segundo plano porque el espacio seguía siendo el mismo y no sabía diferenciar entre hobby y trabajo. Por eso, hace unos meses, me armé de valor y alquilé una oficina donde ahora trabajo y doy clases en paralelo con Avalon.
Esta separación, dar clases y, sobre todo, la búsqueda de nuevos proyectos que espero que vean la luz próximamente es lo que está haciendo que poco a poco el hobby vuelva a aparecer y haya recuperado la pasión por mi trabajo.
Aquí me gustaría hacer alusión a una pieza que pinté para representar todo esto, la imagen que acompaña esta sección y resume ese proceso.
A todo esto hay que sumarle un proceso de cambios en mi vida personal. Empecé a entrenar y, después de poco más de un año, he perdido 17 kilos y me he vuelto más activo. Además, he acudido a ayuda psicológica. Trabajar en uno mismo es lo más importante para mantenerse bien y para que todo lo demás funcione, especialmente en un pilar tan importante como es el trabajo."
Desde fuera parece fácil. Pintar, cobrar, repetir.
Pero luego está la trastienda: decisiones que no apetecen, miedos que no salen en redes sociales, y una parte del trabajo que pesa más de lo que parece. Esa que aprendes a asumir cuando ya estás dentro y no hay marcha atrás.
"Desde fuera parece todo idílico. Muchas veces me dicen: “qué suerte, puedes dedicarte a lo que te gusta”, pero la realidad es que es mucho más complejo de lo que parece.
Lo primero es tener claro que esto es un negocio y que tienes que sacar beneficio de él. Aprender a valorar tu trabajo y saber ponerle precio es fundamental. Hay que tener en cuenta la cuota de autónomos, la gestoría y todos los gastos que van apareciendo.
Después está el tema de la demanda. Los encargos no llueven y hay mucha intromisión en el trabajo, desde amigos que te pintan las minis hasta encargos que no llegan. Saber gestionar eso sin frustración es clave. La mejor manera de conseguir clientes es hacer un buen trabajo en todo el proceso: desde el presupuesto hasta el envío. Dar una imagen profesional en todo momento.
También está la capacidad de adaptación. Muchas veces no pintas la figura como te gustaría, sino como te pide el cliente. Saber adaptarte y, al mismo tiempo, aconsejar bien es parte del oficio.
Luego llega la promoción. Dejarte ver, decidir cuándo, qué y cómo publicar. Y también el aprendizaje constante, que no tiene que ver solo con pintura: fotografía, edición de imagen para cartelería, edición de vídeo para reels o formatos cortos.
Al final, dedicarse a esto no es solo sentarse y coger el pincel. Hay muchos procesos detrás que no se ven, y quizá eso es lo que más me preocupa."

Hay lugares que no son solo un sitio donde compras o juegas, que forman parte de tu infancia.
Espacios donde aprendiste mirando, pasando horas sin darte cuenta, donde el hobby se te fue metiendo dentro poco a poco.
Volver ahí años después (en este caso, Avalon, la tienda de referencia en Burgos) desde otro lugar, con otra responsabilidad, cambia la perspectiva y recoloca muchas cosas.
En Avalon, donde Daniel imparte sus clases, nos pasa siempre lo mismo: entramos a mirar con una sonrisa y salimos con la misma sonrisa… y un poco menos de dinero en el bolsillo.
"Mi colaboración con Avalon surge de la necesidad de encontrar un sitio en el que dar clases, ya que por desgracia el alquiler de locales está fuera de alcance. Así que le comenté la idea a Iván, el dueño de la tienda, y sin ningún tipo de duda me dio el okey y tiramos para adelante.
Para mí ha sido una oportunidad increíble y especial, porque yo empecé en el hobby en Avalon. Aún recordamos con nostalgia aquellas mañanas de sábado en las que íbamos allí a aprender a pintar.
Pensar que ahora soy yo el que está enseñando allí y haciendo que la gente se apasione por el hobby como me pasó a mí hace años me alegra mucho. Además, estoy muy contento porque tengo libertad total para poder enseñar y hacer las cosas como quiero."
Daniel no habla de éxito ni de llegar a ningún sitio concreto. Habla de parar a tiempo. De darse cuenta de que algo se estaba rompiendo por dentro y decidir reconstruirlo con más cuidado. De entender que el trabajo no puede ocuparlo todo y que el cuerpo y la cabeza también forman parte del oficio.
Su camino no va de producir más, ni de producir mejor, ni más rápido. Va de separar espacios, de aprender a bajar el ritmo, de aceptar ayuda y de recuperar el placer poco a poco. Pintar vuelve cuando deja de doler, cuando deja de ser una huida y se convierte otra vez en elección. Y ahí, sin hacer ruido, es donde Daniel vuelve a estar bien.

Pintor de miniaturas

Director creativo y editor
Entrevista, diseño y maquetación.
y recibe en tu correo entrevistas, análisis y reflexiones sobre rol y juegos de mesa.
No Comments