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La línea que parece antigua,

con Tomás Hijo

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«Tomás Hijo es, en mi opinión, uno de los grandes grabadores modernos. Su obra es vibrante y contemporánea, pero profundamente arraigada en una gran tradición».

Guillermo del Toro

El estilo de Tomás Hijo es reconocible al instante. Ha construido una forma de dibujar que no se parece a la de casi nadie. El grabado, el uso del negro… todo tiene una coherencia que hace que sus imágenes parezcan venir de otro tiempo, aunque estén hechas hoy.

Lo interesante no es solo cómo dibuja, sino desde dónde. Cuando trabaja la fantasía o la mitología no intenta actualizarlas ni hacerlas más ruidosas. Lo que hace es algo más raro: las pasa por su filtro y las devuelve distintas, pero sin traicionarlas. 

Yo, dibujo desde que tengo memoria. Me dedico a algo que, más o menos, está relacionado. Pero con frecuencia me siento un poco impostor. Como si estuviera jugando a ser artista sin terminar de creérmelo. Supongo que por eso me interesaba tanto alguien que ha decidido tomarse el oficio tan en serio.

Con esa idea rondándome quise entrevistarle. Hablar con él sobre técnica, literatura y nuestro hobby. Sobre de dónde nacen las imágenes y qué pasa cuando terminan en un tablero o en un manual. 

Cambiar de herramienta

Hay algo que me llama mucho la atención: elegir el grabado cuando ya sabes moverte en lo digital y en lo tradicional. No es cómodo. No es rápido. Podría haberse quedado ahí. Y eso es justo lo que admiro. Le pregunté qué le hizo dar el salto. Qué encontró en el grabado para no soltarlo, incluso ahora, cuando lo digital parece estar en todas partes.

“Soy autodidacta, y para mis primeros trabajos profesionales escogí técnicas digitales porque no sabía muy bien cómo funcionaban las tradicionales. Estaba muy cómodo trabajando con el ordenador (y sigo haciendo muchas ilustraciones así) pero llegó un momento en el que me apetecía probar otras cosas. El grabado me llamaba mucho la atención por su esencialidad, especialmente clara en caso de la xilografía y el linograbado. Tardé en decidirme, porque necesitaba montar un taller, comprar un montón de material… Al final di el salto, movido por la idea de ilustrar a Tolkien con esa técnica. Me pareció buena idea crear imágenes de la Tierra Media que parecieran haber sido hechas allí, por un hobbit en su smial o un enano en lo profundo de su mina. El grabado me pareció perfecto para transmitir eso.”

Creo que ahí está la diferencia. No dibuja Tolkien como espectador. Como si alguien en la Tierra Media hubiera cogido una herramienta y se hubiera puesto a tallar.

Leyendo, de repente, aparece una escena, y una imagen se forma en tu cabeza. Luego intentas sacarla y, al describirla o dibujarla, pierde toda la fuerza. Le pregunto de dónde nacen sus ilustraciones: de lo leído, de lo visto o de lo soñado.

Tomás lo resume así: 

“Sobre todo de lo imaginado, de lo que aparece en tu cabeza cuando lees un texto. Eso sí, esas imágenes siempre son vagas y difusas, y hay que materializarlas con un lápiz en la mano. Ahí es donde entra en juego lo que has visto y lo que te obligas a ver para definir las ilustraciones. Le doy un gran valor, por eso mismo, a la cultura visual y a la documentación gráfica. Siempre me documento mucho antes de dibujar.”

Y claro, cuando lo que tienes delante es Tolkien, la cosa cambia. Lo digo también desde un lugar personal: soy muy fan de su mundo, como pudisteis ver en el análisis de Duelo por la Tierra Media que publicamos hace un tiempo (aquí podéis leerlo). Lo digo sin ironía: vuelvo a esos libros cada cierto tiempo y siempre encuentro algo distinto.

Seguramente por eso conecté tan rápido con las ilustraciones de Tomás. No intentan actualizar nada ni hacer una versión nueva, y eso, con Tolkien, y más tras Los Anillos de Poder, cambia todo. 

Con esa idea rondándome, le pregunto qué encuentra en el universo de Tolkien que dialoga con las leyendas y la tradición oral que tanto le interesan. 

“Mi pasión son las leyendas, la fantasía, la historia, el folclore… Tolkien tiene mucho de eso y, de hecho, se preocupa de tratar su creación como un antropólogo (también, por supuesto, como un lingüista). Él mismo dijo que pretendía crear un corpus legendario para Inglaterra.”

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Legolas en la puerta de Moria

En Turno siempre nos interesa ese primer momento. El instante en el que algo entra en tu vida sin hacer ruido y se queda para siempre. En su caso, sabiendo lo presente que está la fantasía en su obra, tenía curiosidad por saber cómo empezó todo. 

Le pregunto por su primer contacto con los juegos de rol o de mesa. Si recuerda una partida, una caja, algo que lo marcara. 

“Empecé con quince años y todavía juego aunque, por desgracia, demasiado poco. Había visto que existían cosas llamadas “juegos de rol” y “wargames”. Aunque no sabía lo que eran, había comprado algunas figuras de plomo y veía anuncios en revistas de cine friki, pero no llegaba a más. Una tarde, en una academia a la que asistía, un compañero vio un dibujo que había hecho en clase: Legolas en la puerta de Moria. Me dijo directamente: “¿Juegas al rol?”. Yo le dije que no, pero que dónde había que apuntarse. Nos fuimos a su casa y me prestó los libros de Rune Quest. Al fin de semana siguiente ya estaba jugando con su grupo. Luego organicé yo el mío con gente del instituto y, al final, los dos grupos se fundieron. Como siempre he vivido en una ciudad pequeña, no he cambiado de compañeros de juego hasta ahora.”

Varias ilustraciones tipo tarot en estilo linograbado dispuestas sobre una mesa verde, impresas en papel de algodón con bordes irregulares.

Hay algo muy claro en ese recuerdo: empieza con un dibujo. No con una partida. No con una caja. Con un dibujo de Legolas en la puerta de Moria. A partir de ahí, el rol deja de ser algo lejano. Pasa a ser una casa concreta, unos libros prestados, dos grupos que con los años terminaron mezclándose. Empezar con quince y seguir jugando con la misma gente no es poca cosa. Habla de una forma de entender esto que va más allá de comprar juegos. 

Desde ahí quise llevar la conversación a su trabajo dentro de “nuestro mundo”

Carta del tarot El Loco ilustrada en estilo grabado, figura caminando entre montañas con bastón y saco.

Le pregunté en qué se parece, si se parece, ese acto colectivo de jugar a rol, al proceso, normalmente íntimo y solitario de ilustrar. 

"Para mí, depende mucho del juego. Como estoy acostumbrado al rol, en el que las opciones son infinitas y la narración se genera de forma colectiva, a veces me decepciono con otros juegos de mesa donde tras unas partidas se pierde la ambientación y queda solo la mecánica. Si el juego tiene suficiente fuste narrativo, las imágenes aparecen igual que cuando lees un libro. Además, como en mi grupo hay algunos dibujantes aparte de mí, las partidas siempre acaban con un buen número de bocetos desperdigados sobre la mesa."

Después de hablar de eso, quise ir un poco más lejos. Ha trabajado con mundos que millones de personas ya creen conocer. Tolkien, Lovecraft, Edgar Allan Poe, mitología. Universos llenos de imágenes previas. Le pregunté cómo encuentra su propia voz cuando todo parece ya creado. 

“El primer paso es desnudar tu memoria para que Elijah Wood salga de la sala y te deje recordar cómo era Frodo en tu cabeza antes de ver la película. Sorprendentemente no es tan difícil cuando has tenido una relación tan intensa con un texto como la que yo he tenido con Tolkien. Con otros universos es más complicado, especialmente cuando las lecturas han venido después de las imágenes.”

No es fácil hacer esto. No competir con lo que ya existe, sino limpiar la memoria. No competir, ni reinventar. Recordar cómo era esa imagen antes de que alguien la fijara por ti.

Casi al final le pregunté qué queda del que empezó a dibujar. 

“La fascinación absoluta por el dibujo, una disciplina que sigue siendo un misterio para mí. Sigo alucinando ante la vibración de una línea, un determinado uso de las proporciones o una representación original de algo. También el disfrute absoluto por la plasmación en imágenes de personajes, artefactos y lugares que un escritor define con palabras y que yo puedo recrear.”

Después de tantos años, sigue hablando del dibujo igual.

Para cerrar, le pregunto qué le gustaría seguir explorando. 

 

Como explica Tomás: 

“Espero poder seguir dibujando fantasía, ya sea en juegos, en libros o en películas. Acabo de presentar una versión ilustrada de ‘Frankenstein’ y ‘Metrópolis’ y un libro sobre mitología de Castilla y León. Y vienen más cosas.”

Seguir dibujando fantasía, nada más.

Ilustración estilo grabado de samurái con criatura verde en la espalda y espada en mano.

Hay algo que me ha gustado especialmente de hablar con Tomás. No tiene que ver con proyectos ni técnicas, sino con la forma en que sigue mirando el dibujo después de tantos años.  Quizá por eso su trabajo funciona, y conecta tan bien. Porque no suena a rutina.

Como lector, como jugador y como alguien que siempre quiso, y quiere dibujar mejor de lo que dibuja, solo puedo esperar que siga haciéndolo durante mucho tiempo.

Logotipo Tomas Hijo. Silueta minimalista de cuervo negro con corona dorada sobre fondo oscuro.
@tomashijo

Artista gráfico,ilustrador, grabador y autor

@whoisrooster, fundando desde los márgenes
@whoisrooster

Director creativo y editor
Entrevista, diseño y maquetación.

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