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En muchas ocasiones (como habréis visto ya en las catorce entrevistas anteriores) no hay una miniatura concreta que marque un antes y un después. No existe ese instante claro de “vale, esto va en serio” que pueda señalarse con el dedo. En el caso de Juan Sanz, El Miniaturista, es, un poco distinto.
Lo serio estuvo ahí casi desde el principio, por un motivo muy simple: no por una pieza concreta, ni por un trofeo, sino porque el trabajo empezó a generar interés. El estilo funcionaba.
Hablando con Juan, cuando echa la vista atrás, recuerda que desde muy pronto, en cada publicación, algo se repetía. La gente respondía. Sin hacer mucho ruido, su forma de pintar estaba encontrando poco a poco a un público fiel. No existe ese recuerdo aislado, ese detonante. Lo resume así:
“Realmente no, pero casi desde el principio, se destilaba en todas las publicaciones que mi estilo despertaba interés.”
No hizo falta nada más.
Al hablar de su rutina de trabajo, Juan no señala momentos concretos del día en los que todo fluya mejor. No hay horas preferidas ni picos de inspiración que marquen la diferencia. En su caso, el trabajo no espera a que llegue el impulso; ocurre primero. Es un ejemplo claro de aquella frase atribuida al pintor malagueño: que la inspiración te encuentre trabajando.
Y lo explica así:
“No, soy muy sistemático. Creo que la rutina es la fuerza más poderosa. Ejecutarla día tras día, sin importar las circunstancias, es la clave.”
Hablando del aprendizaje, Juan no señala una figura concreta ni una pieza icónica. Lo que más le ha enseñado nunca ha sido lo que domina, sino justo lo contrario.
Lo resume con claridad:
“La figura o la técnica que más te enseña es la que no te atreves a hacer.”
Tras escucharle decir esto, es difícil no mirarse a uno mismo. No pensar en esa pila gris que muchos tenemos cerca: miniaturas por empezar o a medio hacer, no por falta de tiempo, sino por miedo al resultado.
Piezas que evitamos porque implican fallar, aprender, estropear algo antes de entenderlo. Justo ahí es donde la frase cobra sentido. En mi caso, escucharle me llevó a volver a un par de miniaturas que llevaba tiempo esquivando, aparcadas sin una razón clara más allá del pánico de hacer un destrozo.








Hay algo muy curioso en su forma de entender su trabajo: a Juan le cuesta despedirse de las miniaturas. No en un sentido sentimental, sino práctico. Como si le incomodase que la pieza deje de estar. Por eso, hace tiempo que dejó de trabajar por encargo. No porque no pudiera seguir haciéndolo, sino simplemente porque no le gusta desprenderse de ellas.
Las que sí se fueron, las recuerda a través de las fotos y de las guías de proceso. Esos registros son lo que queda cuando la pieza ya no está. Precisamente por eso, decidió dejar de pintar para otros.
“Hace años que no hago encargos. Siempre los recuerdo por las fotos y las guías. Pero como no me gusta desprenderme de las minis, ya no pinto por encargo.”
Enseñar introduce una fricción distinta en su manera de trabajar. Compartir el proceso con otros le obliga a (y no me puedo creer estar escribiendo esta frase), salir de su zona de confort, a pintar cosas que no pintaría si estuviera solo.
Hay mucha exigencia, y la variedad aparece como un estímulo constante.
“Forzarme a pintar cosas que no pintaría, ser prolífico, rápido, conseguir buenos resultados con técnicas distintas. Variedad.”
Cuando se le pregunta por rituales, para él no están en un gesto concreto ni en un momento puntual. Están en el orden. Sus días se repiten casi siempre de la misma forma:
“Todas las horas de mis días están casi predefinidas: redes sociales, edición, pintar, más redes, etc.”
Todo está esquematizado. Con una disciplina férrea, casi militar, pero asumida como algo natural. No como rigidez, sino como forma de sostener el trabajo en el tiempo, como una estructura que se repite.
Y, hablando de militares, hay una excepción a la rutina. Juan desarrolló su primer busto junto a Iván Mata, una colaboración que dio lugar a Sebastian Highway, “The Vulture”. Una pieza donde la escultura y la pintura avanzan juntas, compartiendo decisiones y proceso.
Meses después, junto al mismo Iván Mata, llegaría Diego Ramírez Villalobos “The Spaniard”, ampliando ese mismo terreno: bustos con carácter, mirada narrativa y un diálogo claro entre quien esculpe y quien pinta.
A medida que la conversación avanza y el tono se relaja, las preguntas dejan de ser técnicas y se vuelven más íntimas. Ya no hablamos tanto de método ni de estructura, sino del disfrute. De qué es lo que, después de tantos años, sigue haciendo que merezca la pena sentarse a pintar.
Cuando le pregunto por ese momento (si existe) en el que todo empieza a funcionar, Juan no señala una parte concreta del proceso ni un punto exacto en el camino. Lo que importa no es el lugar, sino el cambio.
“El mejor momento es cuando, en cualquiera de las partes, llego al punto de pasar de ‘uff, esto es una mierda’ a ‘hostias, qué pasada’.”
Después, al hablar de errores, no aparecen grandes fallos técnicos ni piezas perdidas por el camino. El problema es otro, más persistente, más difícil de resolver.
“No relajarme, ese es el error. La lección, aún no la he aprendido.”
Mirar hacia delante tampoco implica grandes planes ni promesas solemnes. La inquietud es práctica, casi doméstica: sostener el trabajo sin desgastarse más de la cuenta.
“Intentar pintar menos y producir lo mismo. ¿Es posible? Ya veremos.”
No hay una conclusión cerrada. Solo una pregunta abierta y el gesto de seguir trabajando. Como casi todo en su manera de estar en esto.
Si después de leer esta entrevista te apetece ver cómo trabaja Juan desde dentro, encuentra a Juan Sanz, El Miniaturista en su Patreon
No todos los días se tiene la oportunidad de sentarse a hablar con uno de tus pintores de miniaturas favoritos. Y menos aún de hacerlo sin prisas, sin titulares y sin necesidad de llegar a ninguna conclusión grandilocuente.
En Juan no hay discurso de metas ni de finales. Hay método, repetición y una relación muy concreta con el oficio. Pintar como quien vuelve cada día al mismo sitio. Y volver al día siguiente. No por inspiración, sino por disciplina.

Pintor de miniaturas

Director creativo y editor
Entrevista, diseño y maquetación.
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