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Alastair

Alastair

"Tras semanas de caminos que no llevaban a ninguna parte, el errante silencioso llegó a un claro del bosque.
Allí, un pequeño fuego ardía suavemente, su caldero humeaba sin dueño a la vista. Se detuvo, observó y extiendió la mano hacia la llama con respeto, no buscaba reclamar, sino comprender.
Su viaje no tiene destino fijo; su nobleza se refleja en cada gesto y su sabiduría en cada pausa. El silencio lo acompañaba como escudo y compañero, escuchaba el susurro de las hojas, el murmullo del fuego y la historia que contaba cada chispa.

En su interior también habita un guerrero. Aunque prefiere la calma y la contemplación, si surge la necesidad, su fuerza se revela con la misma precisión serena con la que estudia cada llama. Cada paso, cada gesto, cada mirada del errante silencioso sirve como recordatorio de que el verdadero poder no siempre se grita, a veces se susurra y a veces camina en silencio."

El gesto es lo primero que queda cuando quitamos todo lo demás.

Antes del color, y de decidir cómo va a ser pintada, una miniatura ya dice algo. En la tensión de una espalda, en una mirada que busca busca al espectador. Ahí es donde aparece el escultor. No en el detalle final, sino en la decisión previa. En el GESTO.

Por eso, estas piezas están solo imprimadas, desnudas. No para mostrar menos, sino para que se vea más. 

Para que el volumen, la intención y el pulso de quien las ha hecho hablen. 

Hay personas que aparecen al principio, y se quedan.

Sara es una de ellas.  Desde que Turno empezaba a tomar forma, y conoció el proyecto, ha estado ahí.

Compartiendo, empujando, incluso colaborando con un artículo de los mas interesantes publicados recientemente: "Escultura en miniatura: una mirada desde dentro"

Por eso, cuando Sara vio la idea detrás de Gesto, no dudó en escribirnos. Se ofreció a colaborar sin pensarlo, y nos habló de su nueva miniatura.

Y de ahí sale este nuevo capítulo de Gesto.

Esta pieza nos llegó antes de tiempo, antes de “existir” para los demás, para poder mirarla y analizarla sin prisa, con toda la calma que pide algo así.

Al recibirla y empezar a montarla, hay algo que me llamó muchísimo la atención. No hay que forzar nada, las piezas caen en su sitio, esto, es habitual, pero en este caso en concreto, todo encajaba demasiado bien.

La monté, y ahí, empecé a mirarla de otra forma. Dejé de pensar en cómo está hecha y pasé a pensar qué está pasando. La escena es clara (el fuego, el caldero, la mano acercándose). Pero no se cierra del todo. Hay algo en ese gesto que te hace dudar: no sabes si acaba de llegar, si lleva un rato en silencio frente a la llama o si está a punto de levantarse y seguir caminando.

Las uniones desaparecen bien, no hay cortes incómodos ni zonas que obliguen a esconder nada. Todo está pensado para que, incluso antes de pintar, la figura ya funcione. No tienes que pelearte con ella ni corregirla. Solo seguir.

Y el montaje deja de ser un trámite, es parte de la experiencia. Porque mientras encaja, ya te va guiando.

Me quedé mirándola más de lo normal, intentando entender ese momento.

Así que escribí a Sara de nuevo, para entender mejor de dónde sale Alastair:

Antes de que existiera Alastair

Le pregunté primero por el origen, por cómo había nacido la idea de la miniatura. Y la respuesta no empieza en el personaje, sino en el lugar.

“Quería hacer una escena que diera algo de ambientación a la figura y la situara en un lugar concreto. ¿Por qué un mago? Desde pequeña, la parte de la fantasía que más me ha llamado la atención ha sido la magia, la hechicería, etc. Al principio pensé en hacer una bruja, pero al imaginar la pequeña historia que daría contexto a la escena, preferí hacer un personaje más entrañable.”

“Por eso opté por un hombre mayor. Una vieja bruja, por lo general, no transmite tanta cercanía… jaja.”

Al mirarla, no hay acción, hay pausa. Le pregunté qué momento quería capturar exactamente, más allá de lo evidente.

“Alastair, así se llama el mago, camina sin un rumbo claro. Llega al lugar que representa la escena y ahí hace un descanso, observa el fuego... Mi idea era crear algo que el público pudiera interpretar de distintas maneras, según lo que cada uno imagine.”

“¿El caldero ya estaba allí? ¿De quién será…? ¿O quizá él mismo hace el fuego y coloca el caldero? ¿Es de noche? ¿De día? ¿Tal vez un atardecer?”

No hay una respuesta cerrada. Y es mejor así.

“La idea es dejar abiertas muchas posibilidades para quien pinte la figura.”

De hecho, mi amigo Diego (@lacaci.studio), que está pintando el boxart, lo está haciendo de una manera increíble… pero muy diferente a como yo lo había imaginado si yo lo hubiera pintado. Y eso me hace muy feliz, porque justamente esa era la idea.

Miniatura Alastair pintada por lacaci studio con iluminación cálida de fuego y tonos mágicos
Interpretación de Alastair por Diego (@lacaci.studio)

La siguiente pregunta era inevitable al verla. Si había alguna referencia concreta detrás del personaje. No buscaba basarse en nadie reconocible.

“De un primer vistazo, es muy probable que mucha gente piense en Gandalf, jaja, pero no era mi intención.” ... “Desde el principio tenía claro que quería representar a un mago que viajara con lo indispensable: ropa cómoda y sencilla, sin ningún elemento ostentoso, una pequeña daga, sus libros y pociones... Un personaje práctico.”

No es solo un personaje, también está pensado para quien lo va a pintar.

“Por otra parte, intento pensar en el pintor y he querido dejar mucho espacio plano para que cada pintor elija si texturizarlo, detallarlo, hacer algún freehand o pintarlo de manera más sencilla. Esto también ayuda a que lo pinte cualquier persona sin importar si lleva pintando unas semanas o años.”

Luego quise ir a algo más concreto. A ese detalle que, sin hacer ruido, define al personaje.

“El detalle que más lo define, para mí, es precisamente su ropa.” ... “Por su sencillez imaginé a un personaje muy tranquilo, alguien que transmite calma.”

El resto pasa a segundo plano.

“Aunque, si es necesario, también sabe defenderse bien con su daga y bastón.”

Para cerrar, le pregunté qué le gustaría que pasara cuando alguien reciba la miniatura en casa. Qué imaginara. Qué sintiera.

“Me encantaría que quien reciba la figura en casa sienta algo de esa fantasía clásica, que le resulte entrañable, interesante de pintar, y que le inspire a imaginar su propia historia sobre quién es Alastair y qué está haciendo allí.”

Pero hay algo claro: no quiere cerrarlo.

“Prefiero no influir demasiado en si la escena debe ser más o menos fantástica. Creo que cada pintor puede interpretarla a su manera.” ... “Por ejemplo, alguien podría pintar el fuego muy luminoso, incluso con tonos verdosos o azulados si quiere darle un toque más mágico. Quien prefiera algo más realista puede hacerlo más natural.”

“Al final, lo que más me gusta es ver mis figuras pintadas. Cuantas más versiones diferentes existan, más ilusión me hace.”

Y hay un último detalle, igual de cuidado.

“Le he puesto mucho mimo al packaging, es una cosa que siempre me ha encantado… Mi amiga Ana Elsa (@anae_design) es quien me ha ayudado a hacer realidad lo que tenía en mi cabeza.”

Incluso ahí, fuera de la propia miniatura, sigue habiendo intención.

Mirando de cerca

Antes de verla, ya está ocurriendo

La escena empieza en la espalda, algo caída, como si el viaje ya pesara demasiado, y tocase parar.

Y, aun así, todo encuentra su sitio alrededor del fuego. La mochila, las calabazas, el suelo… nada destaca por encima, todo suma.

El bastón marca una línea tranquila, un apoyo constante, algo que no cambia. Pero justo debajo aparece la daga, y cambia la lectura.

No llama la atención, no se destaca. Pero está ahí.

La capa cae con peso, y deja todo en un equilibrio interesante: no parece alguien en guardia, pero tampoco alguien indefenso.

El fuego es pequeño

Nos acercamos al suelo, a lo que normalmente no miramos primero, para ver los detalles.

El fuego es pequeño, no domina la escena. El caldero está ahí, sin peso, casi como si siempre hubiera estado en ese sitio. Las piedras, la madera, el terreno… todo encaja sin esfuerzo.

No hay épica alrededor.

No parece un momento especial, sino uno cualquiera. Un alto en el camino que se repite, que no necesita explicación ni contexto para funcionar.

Y ahí es donde se entiende lo que buscaba Sara. Nada está cerrado. No sabes si está parando a comer, si acaba de encender el fuego o si está preparando algo más. Si es un descanso… o el principio de un hechizo.

Donde casi no pasa nada

La barba cae limpia, sin romper la forma, y el sombrero recoge la cabeza sin encerrarla del todo. Hay sombra, pero no suficiente como para ocultarlo. Solo lo justo.

La expresión es tranquila, pero ambigua.

No sabes si está concentrado, cansado o simplemente ausente. Y por eso te quedas mirándolo un poco más.

No busca llamar la atención. Pero tampoco se deja del todo.

Todo se sostiene

La mano manda. No agarra ni fuerza el gesto. No hay intención de dominar el fuego, solo se acerca.

Los dedos están abiertos, sin tensión, casi probando el calor. Hay una distancia muy concreta entre la mano y la llama, como si ese espacio fuera lo único que importa.

Es un gesto mínimo, pero que sostiene la escena, no sabes si está a punto de hacer algo… o si simplemente va a quedarse ahí.

Todo encaja

De frente, todo se ordena

El fuego queda en el centro, el caldero marca el punto, y Alastair se sitúa justo detrás, sin imponerse. El bastón equilibra, la mano acompaña, y todo se sostiene sin necesidad de forzarlo. Está todo medido, nada sobresale, nada que quiera ser lo primero, todo funciona.

No busca un momento concreto. No hay clímax, no hay gesto final.

Es algo sencillo, un instante repetible, que podría durar un poco más. Y que, incluso cuando dejas de mirarlo, da la sensación de que sigue ahí.

Lo que consigue transmitir Sara con esta miniatura es difícil de explicar. No solo por cómo está hecha, sino por todo lo que sugiere sin necesidad de decirlo.
Todo tiene intención, pero nada pesa más de la cuenta, está todo en su sitio, dejando espacio al resto.
De esto, se da uno cuenta especialmente, cuando comienza a pintarla.
Si quieres tenerla entre manos, puedes hacerte con Alastair aquí:
saraglez
@saraglezart

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Director creativo y editor
Diseño, maquetación, texto.